1946

La mujer que alumbró el nacimiento de ACDE

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Sara María Benedit de Pereda (1902-1992) era la presidenta nacional de las Mujeres de Acción Católica cuando los cardenales Copello y Caggiano la convocaron para presidir la “Comisión pro-ayuda a Europa” que se creó en 1946, respondiendo al pedido del papa Pío XII. En la subcomisión de industriales y comerciantes que lideraba un muy joven Enrique Shaw, nació la idea de crear una asociación de empresarios cristianos. Su cuñado, Jorge Pereda, fue uno de los socios fundadores de la Asociación.

“El Papa Pío XII mandó una nota a los dos cardenales argentinos (Santiago Copello y Antonio Caggiano) pidiendo que la Argentina coopere en el agudo problema que se presentaba en Europa enviando alimentos y otros medios de ayuda. Los dos cardenales confiaron el encargo a la Acción Católica Argentina, quien a su vez formó una Comisión para ayudar a Europa y esa Comisión constituyó una subcomisión de industriales y comerciantes. Concluida la misión específica de esa subcomisión, se reunieron algunos de ellos y dijeron que sería muy interesante continuar trabajando juntos, en forma más o menos organizada, no ya para ayudar a Europa sino para el fin que dije al principio (el deber de los empresarios en el campo social, a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia), es decir ser empresarios más cristianos”.

Así recordaba Enrique Shaw varios años después, en abril de 1959 y en una conferencia de UNIAPAC, en Lima, el nacimiento de ACDE. Vale decir que “el iniciador del movimiento”, tal como lo define el Acta de constitución, no tiene dudas en identificar la reunión de empresarios para ayudar a Europa, como la semilla de la cual nacería nuestra Asociación unos pocos años después.

La Comisión “Pro-Ayuda a Europa” fue constituida en abril de 1946 y -una vez confiada a la Acción Católica- los cardenales designaron como titular a quien era la presidenta nacional de las mujeres, Sara Pereda; con quien el muy joven Enrique Shaw estaba unido por lazos familiares y de amistad que, sabemos por testimonio de Sara Shaw, mantuvo a lo largo de toda su vida con diálogo frecuente, trato epistolar y una devoción casi filial. Los santos, crecen en racimos.

Sara María Josefina Benedit de Pereda había nacido en la ciudad de Buenos Aires, el 24 de enero de 1902. Era la cuarta hija y la primera nacida en Argentina, del matrimonio que formaron el muy notable médico urólogo Pedro Benedit y la descendiente de vascofranceses Graciana Chapar. Sara fue bautizada en la iglesia de San Miguel de Buenos Aires. Estudió en el Colegio de las Esclavas del Sagrado Corazón, donde desarrolló una muy especial devoción a la Santísima Virgen.

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En 1924, se casó en la iglesia de San Ignacio con Eduardo Pereda, con quien tuvo cuatro hijos. Fueron cuatro hijos en cinco años, porque enviudó muy tempranamente. Su esposo murió en septiembre de 1928, cuando Sara -con apenas 26 años- estaba embarazada de María Teresa, su última hija.

Sara María Benedit de PeredaDe ella puede decirse lo que el Evangelio relata de la profetisa Ana: vivió pocos años con su marido y una vez viuda, permanecía sirviendo al Señor de noche y de día (Lc 2,37). Su servicio fue en el vasto campo del compromiso laical en la Iglesia, a la que amaba profundamente y a la que se consagró como militante, dirigente y fundadora de asociaciones, que es otra manera de seguir dando vida. “La conocí por su vínculo con el Cardenal Pironio (ver foto) -relata Monseñor Malfa, obispo de Chascomús- y no puedo dejar de manifestar el recuerdo vivo que tengo de Sara, sobre todo su sonrisa franca, su vivaz inteligencia, su amable firmeza y libertad y, sobre todo, su amor entrañable por la Iglesia”.

Fue presidenta de las Mujeres de Acción Católica de la Arquidiócesis de Buenos Aires entre 1938 y 1943; presidenta nacional de las Mujeres de Acción Católica desde 1943 a 1949 y vicepresidenta nacional de 1949 a 1952. Desde ese rol, fue encargada nacional de la Asociación de los niños de Acción Católica y fundadora, en 1949, de la Liga de Madres de Familia y su primera presidenta nacional. Además, como ahora comprobamos, fue bajo su maternidad eclesial que a unos jóvenes “industriales y comerciantes” se les ocurrió la idea de fundar una organización de empresarios cristianos.

Sara María Benedit de Pereda con el Papa Juan Pablo IIPorque si hubo una muestra de la fecundidad de su liderazgo, fue en la Comisión “Pro-Ayuda” a Europa. Puesta bajo su presidencia, la Comisión se integró con los restantes presidentes nacionales y arquidiocesanos de la AC y formó subcomisiones de Finanzas, de Propaganda y más adelante de industriales y comerciantes lanzándose al pedido de donaciones de ropa, alimentos perecederos y en efectivo (cuando la plata se movía solamente a través de los billetes y sin transferencias electrónicas).

Las Actas de Consejos y de la Junta Central de la Acción Católica dan cuenta detallada y minuciosa del despliegue misionero que involucró a una institución que, en aquel entonces, representaba a todo el laicado del país y permiten ver cómo Sara estaba aquí y allá, informando, gestionando, animando y pidiendo ayuda.

“Que ha salido el cargamento de 58 cajones de ropa para el Cardenal arzobispo de París, que durante una semana se empapelarán las estaciones del ferrocarril con propaganda, que ha llegado carta de agradecimiento del Arzobispo de Viena, que se están realizando gestiones para facilitar los envíos de exportación, que la parroquia de Bragado ha enviado dos paquetes, que viene en visita a la sede de Montevideo 850 un delegado de la Santa Sede, que ha salido el buque “Cabo Buena Esperanza” con cajas de conservas de carne y dulce y 100 toneladas de zapatos y ropa usada; que vamos a dejar de pedir ropa usada porque genera muchas dificultades”, etc, etc,etc.

Nunca las comparaciones son del todo felices, pero leer la descripción de ese ir y venir incesante de actividad solidaria, nos hace pensar en una campaña “Seamos Uno” pero del siglo pasado, hecha toda a pulmón, sin tecnología que la alivie o facilite.

Los balances que se publicaban en la revista Anhelos de la Acción Católica, dan cuenta que, entre abril de 1946 y abril de 1948, se recaudaron casi 1,6 millón de pesos en efectivo y no menos de 300 mil pesos en ropa. Una cuenta muy rápida y con enorme margen de error puede ayudar a dimensionar el esfuerzo: ese dinero equivaldría a unos 500.000 dólares de la época y traídos al presente a varios -y muchos- millones de dólares. Sólo a modo ilustrativo y para tomarlo como referencia, las actuales colectas anuales de Cáritas, por caso, recaudan anualmente en torno a un millón de dólares.Sara María Benedit de Pereda

Pero importan los números sólo para dimensionar la magnitud del esfuerzo y la virtud de su liderazgo que fue capaz de movilizar a una institución, a la Iglesia e incluso a una sociedad detrás del pedido del Papa.

A Pío XII, no le pasó inadvertido e hizo personal, explícito y emocionado su agradecimiento en el Radiomensaje dirigido al pueblo argentino el domingo 1/2/1948:

“Una vez más la voz del Padre común llega a vuestros oídos, con el mismo afecto y cariño de siempre (…) para daros las gracias y para recurrir de nuevo a vuestra fecunda generosidad. Primero, la gratitud. En un mundo y una hora, donde más de una vez Nuestras palabras han sido o mal comprendidas o peor interpretadas, hemos de confesar que nuestro corazón de Padre ha descansado en vuestra dócil fidelidad. La liberalidad con que habéis correspondido al llamamiento dirigido por Nos a Nuestros amadísimos hijos los Cardenales de Buenos Aires y de Rosario, en favor de los países de Europa asolados por la guerra, nos ha servido de grandísimo consuelo. Por eso nuestras gracias más cordial va en este momento a cuantos han querido colaborar y muy especialmente a la Comisión pro-ayuda a Europa, con su digna presidenta, nuestra amada hija en Jesucristo Doña Sara Benedit de Pereda, a la cabeza”, quien además recibió por su servicio la condecoración pontificia “Pro Ecclesia et Pontifice”.

Reconocimiento que hoy traemos a la luz para señalar que una mujer, Sara Pereda, estuvo detrás del nacimiento de ACDE.

Fuente: Portal Empresa. Autor: Daniel Martini.