Luis Muro de Nadal

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Nació el 23 de marzo de 1915 en Logroño, España y falleció el 16 de junio de 2011, a los 96 años. Era el menor de los cuatro hijos varones del matrimonio formado por los inmigrantes Bernabé Muro (castellano) y Mercedes de Nadal Ferrer (catalana), quienes llegaron a la Argentina en la década de 1880 y fundaron la tradicional sastrería Casa Muro, de Bartolomé Mitre y Maipú, una de las más tradicionales de la ciudad de Buenos Aires a lo largo de buena parte del siglo XX. El negocio vestía a la sociedad de la clase alta porteña y fue el primero que compro telas y trajes europeos. Junto con su hermano mayor Francisco, fueron preparados para seguir el negocio familiar.

A los dos años, su familia regresó a la Argentina donde ya vivían. Asistió al Colegio del Salvador, fue miembro de la Congregación Mariana y había iniciado sus estudios de Ingeniería cuando estalló la Guerra Civil Española. Entendiendo que su amor a Dios y a la Patria así se lo demandaban, regresó a su país natal para alistarse como voluntario en 1936.

En 1940, una vez finalizado el conflicto, regresó a la Argentina donde culminó sus estudios de Ingeniería Civil y se casó, en 1944, con Olga Estela Gagliardi Vionnet con quien tuvo seis hijos, nietos y bisnietos. Formaron un hogar cristiano y en su trabajo apostólico vale señalar que fueron uno de los matrimonios fundadores del Movimiento Familiar Cristiano en el país.

Fue uno de los fundadores de ACDE y renunció a su condición de socio el 26 de abril de 1966.

La mirada de su yerno

Estas fueron las palabras de despedida de su yerno, el abogado Enrique Guillermo Avogadro, en la publicación El Ojo Digital:

“Fue un hombre culto, un hombre sano, un hombre valiente, un hombre trabajador, un hombre de profunda fe y, sobre todo, un hombre bueno. En su digna vejez, su vocación por servir hizo que se integrara a esos samaritanos que, diariamente, llevan consuelo y compañía a los enfermos terminales en los hospitales públicos. A poco de conocernos, hace hoy mismo cuarenta años, se transformó en mi gran amigo, reemplazando de algún modo a mi propio padre muerto. Me despido de él con enorme tristeza, pero con la certeza de que Dios lo está esperando en el Cielo para sentarlo entre los justos”